lunes, 11 de marzo de 2013

Roma, la Ciudad Eterna (y 4ª parte)



Y nos queda la recta final de nuestro viaje por Roma, aunque tendrían cabida muchos más post, porque sin duda es un Ciudad Eterna.
La ruta de hoy comienza en Piazza Venezia, que es un importante nudo de tráfico en el corazón mismo de la ciudad. Está presidida por el enorme y controvertido Monumento a Vittorio Emanuele II, levantado para honrar a la patria después de la reunificación italiana. Para poder construirlo se tuvo que trasladar un cuerpo entero del Palacio de Venecia, destruyendo así una de las últimas plazas renacentistas que quedaban en Roma.
Además del vistoso Vittoriano, la Plaza está cerrada por el Palazzo di Venezia y por un edificio construido en el siglo XX en simetría con este último. Enfilando exactamente la gran mole blanca se encuentra la famosa Vía del Corso, en cuyo extremo opuesto se vislumbra el obelisco de Piazza del Popolo.




Este monumento alberga la tumba al soldado desconocido. Desde 1921 el monumento acoge los restos de un soldado sin identificar, muerto en la Primera Guerra Mundial, en representación de todos los caídos por la patria. En la terraza más cercana a la calle hay dos pebeteros con una llama que nunca se extingue y dos soldados hacen guardia permanentemente junto a la tumba.





Seguimos ahora por la Basílica de Santa María Mayor, se trata de una verdadera reliquia del siglo V. Es la única de las cuatro basílicas mayores de Roma (las otras son San Pedro, Letrán y San Pablo Extramuros) que conserva su planta paleocristiana intacta, aunque ha sufrido numerosos añadidos a lo largo de los siglos.
Su historia está ligada a una conocida leyenda: cuentan que la propia Virgen señaló la ubicación de la basílica haciendo caer una copiosa nevada sobre la colina del Esquilino en pleno mes de agosto, y que el Papa Liberio, en presencia de los fieles congregados por el prodigio, trazó sobre la nieve el perímetro de la basílica. Es el origen de la conocida advocación de la Virgen Blanca o Virgen de las Nieves, muy difundida por todo el mundo.
Santa María Mayor es el primer templo cristiano dedicado a la Virgen. Su origen se remonta al Concilio de Éfeso (año 431), que sancionó la maternidad divina de María, tema sobre el que gira toda la iconografía del templo.







En mis anteriores visitas a Roma había disfrutado mucho del ambiente de La Plaza de España, uno de los lugares mágicos de Roma. Sin embargo, en esta ocasión, el tiempo no acompañó y la lluvia hizo acto de presencia.
La Piazza di Spagna posee una monumental escalinata, realizada en el siglo XVIII a costa de la corona de Francia, constituye un grandioso escenario que la convierte en uno de los lugares más concurridos y animados de la ciudad. Cuando se contempla vacía, en cambio, se tiene la sensación de haber entrado en un teatro a la hora equivocada.
El nombre de la Plaza se debe a la embajada de España ante la Santa Sede, instalada en un palacio de la parte baja de la colina desde el siglo XVII. La parte alta, en cambio, donde se encuentra la iglesia de Trinità dei Monti con su doble campanario, era dominio de Francia, y durante siglos toda la zona fue escenario feroces luchas entre ambas monarquías.


 


La Piazza del Popolo está ubicada en el extremo Norte de la ciudad y ha sido, desde la Antigüedad, la puerta de Roma por excelencia. Desde ella partía la Via Flaminia, que conectaba la urbe con el resto del continente. Durante toda la Edad Media y Moderna continuó desempeñando este mismo papel. Sólo empezó a perder importancia en el siglo XIX, con la construcción de la Estación Termini (1867) y el desarrollo del ferrocarril como medio de transporte.
Uno de los principales motivos que atrae a los viajeros a Piazza del Popolo es poder contemplar los dos magníficos Caravaggios de Santa María del Popolo. Un pequeño museo, que alberga muchas obras renacentistas de primer orden, realizadas entre finales del siglo XV y comienzos del XVI. 




 
Cerca de la Piazza del Popolo encontramos el Ara Pacis, uno de los mejores ejemplos de estatuaria clásica romana. Se trata de un altar construido el año 9 a.C., por voluntad del Senado, para celebrar la Pax Augusta, la pacificación definitiva de todos los territorios por obra de Augusto: la época más feliz de la historia de Roma. Todos los años celebraban en él un sacrificio los magistrados de Roma, los sacerdotes y las vírgenes vestales. El altar tuvo corta vida. Edificado en la zona llana de la ciudad, las frecuentes crecidas del río terminaron por anegarlo. El monumento quedó sumergido en el lodo y su memoria se perdió durante más de un milenio. En el siglo XVI aparecieron algunos vestigios, pero no fue hasta el XIX cuando se localizaron, de modo casual, la mayor parte de sus restos. En el año 1938, para celebrar el bimilenario del nacimiento de Augusto, el gobierno de Mussolini decidió la reconstrucción del altar, recomponiendo todos sus fragmentos. El altar, al que se accede por una escalinata, se encuentra rodeado por cuatro paneles, que lo protegen como si fuera un cofre descubierto. Tanto los lados internos como externos de estos paneles están adornados con bajorelieves. El más famoso de ellos representa una comitiva en la que aparecen el propio Augusto y muchos miembros de la familia imperial. Todo este conjunto, una gran ‘caja’ de 10 x 11 metros, se encuentra dentro de un moderno edificio, el Museo del Ara Pacis, construido recientemente para protegerlo de la contaminación que amenazaba con arruinarlo.





Continuamos por el Panteón, se trata de uno de los monumentos mejor conservados de la Antigua Roma. Contemplar sus severas formas clásicas conviviendo con normalidad con edificios de la ciudad moderna produce una extraña sensación de anacronismo.
El Panteón fue el primer edificio clásico transformado en iglesia: en el año 608, el emperador bizantino Focas (dueño de Roma en aquel momento) se lo ofreció al Papa Bonifacio IV. De este modo, el antiguo templo dedicado “a todos los dioses de Roma” se convirtió en la iglesia de Santa Maria ad martyres, dedicada a los mártires de las persecuciones. Una enorme cantidad de huesos procedentes de todas las Catacumbas de Roma fue trasladada a la nueva iglesia.
El Panteón constituye una de las cumbres de la arquitectura romana, perfecto en el equilibrio y armonía de sus formas y en su impecable construcción. Hoy, además de seguir siendo una iglesia con culto, el monumento cumple la función de panteón real. Contiene las tumbas de los dos primeros reyes de la Italia unificada, y también la tumba del insigne pintor renacentista Rafael.
Si tienes la suerte de estar en Roma el 21 de junio, durante el solsticio de verano (cuando el sol alcanza su cenit), no dejes de pasar por el Panteón a las 12 del mediodía, para ver el haz de luz penetrar perpendicularmente en el templo.


  

 

Y el broche de oro a nuestro periplo por Roma lo ponemos con la visita a La Fontana di Trevi la fuente más monumental de Roma y una de las más hermosas del mundo. La historia de esta fuente se remonta a los tiempos del emperador Augusto. Según la leyenda, fue una misteriosa doncella la que indicó al general Agripa el emplazamiento del manantial, en las afueras de Roma. Para traer el agua a la ciudad, Agripa construyó un acueducto (terminado el año 19 a.C.), que en honor de la doncella se llamó Acqua Virgo.
La monumental fuente fue construida en el siglo XVIII por un hombre casi desconocido, llamado Nicola Salvi, que sorprendió a todos con este diseño asombroso. Los trabajos para su construcción se prolongaron durante 30 años y acabaron arruinando la escasa salud de Salvi, que murió sin poder acometer otros proyectos y sin ver terminada su obra.
Una de las características destacadas de la Fontana di Trevi es el contraste entre la monumentalidad de la fuente y la estrechez de la plaza en que se encuentra: tan escondida entre callejuelas que cuesta trabajo encontrarla.
Existe la costumbre de tirar una moneda a la fuente con el objetivo de volver a Roma, yo así lo hice las anteriores ocasiones y he vuelto a la Ciudad Eterna. Esta vez, también lancé una moneda….








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